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Paralela al litoral y a unos 25 km de distancia emerge, con alturas superiores a los 1.000 m, la Sierra de Prades, ubicada en Salou, municipio de Tarragona que se encuentra en la costa catalana al Sur de la ciudad. Al encontrarse con las montañas, el aire húmedo procedente del mar se ve obligado a ascender, perdiendo temperatura y condensando el vapor en forma de lluvia. El agua baja por las fuertes pendientes de las montañas, regula su velocidad al pasar por los valles y se distribuye, de nuevo en dirección al mar, en diferentes rieras que recorren la fértil llanura. Aprovechando la orografía, este ciclo que periódicamente se repite, ha caracterizado secularmente la producción agraria del lugar. En consecuencia, estamos en un paisaje que se extiende por el territorio con los recursos que este le proporciona, interpretándolo y dándole sentido a diferentes escalas. La interacción del modelo agrícola con los ciclos naturales, contrasta con la inhibición de los modelos de crecimiento urbano. Para éstos el territorio es un espacio físico donde implantarse, y la forma resultante responde habitualmente a una ordenación impostada. En las bases del concurso se pedía proyectar 80 viviendas de protección oficial en un emplazamiento situado en el extremo Norte de Salou. Planteado como una nueva trama urbanizada que se impone a los trazados agrícolas preexistentes, el nuevo lugar se origina a partir de grandes parcelas que contienen edificios aislados, dispuestos ortogonalmente. La normativa de planeamiento definía dos bloques iguales en la esquina de una de las manzanas y en contacto con el nuevo parque. Con una planta de 15×52 m, cada uno disponía de una orientación favorable el asoleo de la zona interior.

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