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Desde siempre ha existido una clara evolución de los sistemas de calefacción y, por consiguiente, de las propias calderas. Parte de este desarrollo se ha visto condicionado por el tipo de combustible utilizado, por un lado para adaptarse a las fuentes de energía que se han ido conociendo y usando, así como para mejorar los rendimientos de las calderas, y disminuir las partículas contaminantes en la atmósfera.

En este sentido, el mercado de la caldera doméstica tal y como actualmente la conocemos, comienza en los años 60 con la llegada de la caldera mural mixta para calefacción y ACS. Posteriormente, en los años 70, la oferta se vería enriquecida con el desarrollo de los primeros equipos de caldera estanca. Pero fue hace algo más de 2 décadas cuando se modificó sustancialmente el mercado. Así, en torno a los años 80 se inició una importante canalización en España de gas natural, lo que popularizó, de una forma espectacular, la caldera mural mixta a gas, caldera individual que proporciona agua caliente sanitaria y calefacción. El éxito que tuvo este nuevo producto se debió a la individualización del sistema, tanto desde el punto de vista de confort como de consumo, así como las reducidas dimensiones de este tipo de producto.

Así pues, desde que entraran en vigor las diversas novedades normativas del DB-HE y del RITE, el desarrollo de las calderas se ha visto repercutido esencialmente en dos aspectos: la reducción de las emisiones de gases de los aparatos y el desarrollo de sistemas capaces de aprovechar el agua precalentada por la energía del sol.

Y, en la actualidad, el sector de la calefacción centra sus esfuerzos en conseguir el mejor confort, siempre con el máximo ahorro energético, lo que implica el desarrollo de nuevos equipos limpios y ecológicos, respetuosos al máximo con nuestro entorno. De este modo, tanto en instalaciones de calderas murales como en centralizadas, la evolución es claramente hacia la mejora de rendimientos, orientados a un menor consumo y menor emisión de partículas contaminantes. Por ello, en los últimos años las principales novedades tecnológicas se han enfocado hacia una mayor seguridad, comodidad de funcionamiento y ahorro de combustible.

Precisamente, esta preocupación por el ahorro energético llevó al desarrollo de las calderas de condensación, ecológicas debido a su mayor rendimiento. Otra principal innovación ha venido de la mano de la llegada de las calderas Clase 5 de baja emisión de óxido de nitrógeno (NOx) -lo que engloba tanto óxido nítrico (NO) como dióxido de nitrógeno (NO2)-. Así, y tal y como hemos comentado, el desarrollo de este tipo de equipos responde a la obligación establecida por el RITE de colocar una caldera no contaminante en la reposición en viviendas con salida de gases a fachada.

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