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Para disfrutar de una experiencia gastronómica, ¿cuál sería el sueño ideal? Posiblemente que un reputado chef te invite a su casa, te deje entrar en su cocina y comience a cocinar para ti, delante tuyo. Este es el concepto esencial del diseño interior de Somni («sueño» en catalán), recrear la cocina de Aitor Zabala en un espacio mágico, un pequeño salón para apenas diez comensales.

Llegar a este lugar, situado dentro de otro restaurante, Bazaar, no es fácil, hay que saber qué puerta abrir. Una vez dentro, el espacio te recibe cálidamente, en un primer espacio envolvente, sin ángulos ni esquinas. Donde suelo, pared y techo crean un bucle monomatérico con una cinta contínua de listones de madera.

Como en una especie de altar ritual, la única mesa que hay se curva para acercar los comensales y dirigirlos visualmente hacia la cocina. De este modo van a poder vivir de forma muy cercana todo el proceso de cocción de los alimentos y preparación de los platos. Para ello es fundamental estar al mismo nivel del sobre de la cocina. Confortablemente sentados, podrán disfrutar del espectáculo, una intensa y milimetrada coreografía donde los cocineros —tantos como comensales—, van a ir desvelando un repertorio con decenas de degustaciones. Una gran cúpula dorada sobre la zona de emplatado focaliza la actividad de los cocineros, convirtiendo el espacio en una especie de escenario teatral.

Somni apela a todos los sentidos: la vista en primer plano, con colores neutros y acogedores. El murmullo sonoro de cocciones, cortes, y emplatados; el tacto de los materiales nobles y del propio alimento; los aromas que van llegando al olfato. Y por supuesto el sabor, el sentido del gusto, origen y final de toda la representación.

Sobre la pared del salón, revestida de cerámica pétrea, cuelga obra del artista español Okuda San Miguel, tres bustos de animales geometrizados y coloreados, que aportan el contraste rupturista dentro de un espacio apacible y cromáticamente neutro. Es el toque canalla, achispado, atrevido, propio de la cocina de vanguardia que Aitor y José Andrés suelen dar a sus creaciones.

Un diseño sobrio, funcional y cálido, con ese punto humanista y organicista del diseño español. Donde finalmente siempre asoma un toque de surrealismo y locura, y la pasión se impone a la estricta funcionalidad.

Un espacio único, como de sueño, para un experiencia única y festiva.