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¿Cómo influyó Antonio Lamela en su vocación por la arquitectura?, ¿con qué obra suya se quedaría?

La profesión del padre es algo muy determinante. Un padre para un niño siempre es una referencia, y además, el ambiente familiar suele ayudar a la elección profesional. En mi caso, mi padre vivía la profesión con mucha intensidad, y yo desde pequeño le acompañaba a las obras y a veces con mis hermanas nos metíamos a fisgonear en su estudio, en la época en la que era contiguo a la vivienda familiar. Era natural asumir la profesión, en unos momentos en los que,además, era una profesión prestigiosa y mucho más exclusiva que en la actualidad. De las obras de mi padre me quedo con las primeras, porque fueron las más difíciles, en momentos donde la industria nacional despegaba, y había que inventar continuamente.

Quizá O’Donnell 33, por haber sido un edificio muy revolucionario en su momento y también por los recuerdos familiares que me trae, ya que allí viví muchos años al estar en la planta sexta nuestra residencia familiar.

Tras 1.600 proyectos en 32 países, ¿cuál es la esencia de Estudio Lamela?

Estudio Lamela ya cumplió 62 años, y siempre tuvo vocación de gran estudio de arquitectura y poder convertirse en una oficina internacional. Mi padre tuvo claro, desde que pudo realizar sus primeros viajes a América, que el espejo donde mirarse era Estados Unidos, y eso hoy parece fácil, pero en la España de casi la postguerra estos pensamientos eran pura utopía.

El Estudio empezó a salir fuera a mediados de los setenta, cuando los arquitectos españoles apenas habíamos cruzado fronteras, y ya a comienzos de los ochenta se finalizaban los primeros ejemplos en Miami y en Ecuador. Se trabajaba fuera con mucha dificultad, entonces no había ni ordenadores ni teléfonos móviles, sino rollos de papel vegetal que se enviaban al otro lado del Atlántico por correo postal y carísimas conferencias telefónicas. El télex era un lujo y parecía casi brujería.

Luego llegó el fax, los primeros ordenadores de diseño asistido, el correo electrónico, etc., y todo ello facilitó mucho la labor y permitió trabajar en cualquier lugar del mundo.

Desde siempre hemos sido un Estudio con vocación internacional, y no tengo ninguna duda de que a día de hoy somos el estudio español que más proyectos y más variados ha realizado fuera de España.

¿Cuál es el proyecto profesional más importante al que se ha enfrentado?

Sin duda la T4, proyectada conjuntamente con la oficina de Richard Rogers. Cuando se finalizó fue la obra de arquitectura mayor del mundo con más de 1,2 millones de m2.

Aparte de su tamaño y gran presupuesto, su nivel de dificultad, exigencia de excelencia y cortos plazos de ejecución, hizo que fuese un auténtico reto a desarrollar. Tuvimos la suerte de poder formar un equipo extraordinario de profesionales, que trabajaron codo a codo con el cliente, las diferentes empresas constructoras y todos los equipos técnicos que nos acompañaron en esta magnífica aventura.

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