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El consumo de cemento está fuertemente relacionado con la salud económica de una nación y está considerado como uno de sus más fiables indicadores. Por eso, la profunda recesión que se vive actualmente en España, con la caída brutal y persistente de la construcción, especialmente en nueva vivienda residencial, pero también en obra pública, está abocando al sector cementero nacional a un fuerte redimensionamiento, con los inevitables cierres, por ahora indefinidos, de algunas plantas o líneas y un ajuste laboral, acorde con estas extraordinarias circunstancias. Sin embargo, y en paralelo, esta inédita ralentización de la actividad está acelerando a marchas forzadas el insoslayable reto de la sostenibilidad, aparcado parcialmente por el vertiginoso crecimiento de las décadas pasadas. Así, cuestiones como la reducción de emisiones a la atmósfera, el ahorro energético, la valorización de residuos, el reciclaje del agua o la regeneración medioambiental de canteras y graveras se han situado en la primera línea de prioridad en la filosofía empresarial. Al mismo tiempo, la crisis está agudizando la innovación, alumbrando una gama de productos más acordes con principios ecosostenibles, caracterizados por la eficacia, polivalencia, durabilidad y eficiencia energética, entre otras propiedades.

En este contexto, la industria cementara española aborda el quinto ejercicio consecutivo con la producción descendiendo en porcentajes de dos dígitos. En 2011, el sector ya acumuló una pérdida del 60% sobre el record histórico de 54,4 millones de toneladas producidas en el no tan lejano 2007. Y, sin embargo, aún no se vislumbra claramente un suelo sobre el que construir la recuperación, con la expectativa de que en 2012 se produzca una nueva caída de hasta el 27% sobre el año anterior, lo que supondría un retroceso a cifras absolutas de los años sesenta del pasado siglo. En contraste, países de nuestro entorno, como Francia y Alemania, parecen haber dado carpetazo a la crisis del sector, saldada además con leves ajustes y una vuelta al crecimiento. Como dato ilustrativo, el consumo de cemento está cayendo en casi todos los países europeos del Sur, mientras sube en los del Norte, con la notable excepción de Irlanda, aquejada de males muy parecidos a los españoles.