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En la intervención se ha preservado, en todo lo posible, la arquitectura original, especialmente a nivel de volumetría general y de fachadas.

Cuando se plantearon los nuevos edificios que completan el programa se vio necesario un lenguaje riguroso que no compitiera gestualmente con el de la Usina, sino que una mínima expresión dejara el protagonismo a la arquitectura preexistente.
Al extenderse la plaza hasta la fachada principal, eliminando el tráfico rodado frente a ella, se consigue que la plaza actual se convierta en el espacio público que vincule con actividades la Iglesia Sagrada Familia y el Centro Cultural Italiano.
Delimitar los terrenos del Centro Cultural tiene la intención de unir, a nivel urbano, las arquitecturas preexistentes y las nuevas en una nueva unidad. Este elemento de cierre delimita, pero al mismo tiempo crea una nueva fachada que será a veces opaca y otras veces transparente, privatizando o dejando ver las actividades del Centro según sea conveniente.
Las fachadas del Centro Cultural son explícitas.