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El efecto “grapaje” de una arquitectura flexible. Independientemente de que la antigua plaza de toros -en desuso desde 1989- no tenía un destacado valor arquitectónico, su estilo neomudéjar dejaba claro que, tras más de un siglo enclavada en tan excelente ubicación urbana, se encontraba claramente grabada en la retina ciudadana. En la última década, aparecieron serias dudas en cuanto a su uso. Además, después de la finalización de su actividad, existía un progresivo deterioro del edificio; de ahí la dicotomía clara y manifiesta del mantenimiento o no de la edificación. Antecedentes históricos Por iniciativa de Josep Marsans, miembro de una familia propietaria de diversos bancos y de los terrenos donde se ubicaría un solar de 30.000 m2, la plaza de Las Arenas fue construida en 1899. El Arquitecto modernista August Font i Carreras fue el encargado del proyecto y el constructor Juli Marial el encargado de su desarrollo y ejecución. La plaza se inauguró en 1900 con una capacidad de 14.893 espectadores. Hasta 1977, año en que se celebró la última corrida taurina, funcionó como gran elemento dinamizador del barrio y de la ciudad, con manifestaciones deportivas (básquet, boxeo, velódromo…), artísticas (opera, conciertos, circo…) o políticas (meetings, manifestaciones…). Tenemos que pensar que Barcelona fue la única ciudad que llegó a disponer de tres plazas de toros (Las Arenas, La Monumental y La Barceloneta), pero que Las Arenas disponía en las primera décadas de una posición más céntrica en la ciudad, pues La Monumental disponía de una seria barrera en su frontal (la vía del tren) y La Barceloneta (desaparecida en 1942) siempre apareció como “extramuros”. Debido a la nula rentabilidad económica se clausuró al público en 1990, permaneciendo en completo abandono hasta el inicio del proyecto aquí descrito, que se remonta a junio del 2000.

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