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De este modo, el colegio se organiza en dos volúmenes claros, uno destinado a las aulas y otro que acoge los servicios comunes y la administración y las zonas deportivas cubiertas, encerrando la zona de patio de juegos lo que permite crear un entorno protegido para que los niños puedan jugar en un recinto seguro. En el caso de ser necesarias viviendas para los profesores y trabajadores del centro, éstas se ubicarían tras el volumen de servicios.
Una de las dificultades consideradas por el proyecto era el trasladar los distintos materiales a la isla, por lo que se proyectó todo el complejo con materiales propios de la zona y técnicas constructivas sencillas, que no requieran una mano de obra muy especializada, y al mismo tiempo, se trata de optimizar el edificio al máximo con el objetivo de reducir los costes de mantenimiento.
Guinea es una zona donde son frecuentes las lluvias torrenciales, por lo que este factor fue otro de los condicionantes a tener en cuenta a la hora de diseño. Así pues, se proyecta una doble cubierta de chapa metálica que favorece la evacuación de agua, y al mismo tiempo, todos los volúmenes se elevan ligeramente sobre el terreno para evitar posibles anegaciones.
Para conseguir una buena educación es imprescindible disponer de unos espacios confortables que posibiliten unas buenas condiciones lumínicas y de ventilación, de modo que fue muy importante el diseño de piezas de protección solar, jugando con celosías de bloque de hormigón que tamizan la luz, y al mismo tiempo se buscó que las distintas estancias pudieran tener una ventilación cruzada.

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