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De este modo, había que tener en cuenta que una construcción de estas características desarrolla un impacto que es necesario amortiguar. Por ello, los arquitectos plantearon la posibilidad de desarrollar un edificio que pudiera disolverse, mimetizarse, en la medida de lo posible, entre la masa de árboles, ser un árbol más dentro del bosque y que los animales y las plantas así lo entiendan.

Así pues, se proyecta un edificio como acercamiento a la naturaleza, desde su fragmentación, su multiplicidad, su color y sus texturas. Pero también desde su capacidad de transformación y cambio, desde su envejecimiento como parte natural de su vida. Según detallan desde el estudio, ?ésta podría ser una construcción que convoca naturalezas, pero que también enseña que es posible convivir sin sustraer de la belleza natural prácticamente nada; y que la arquitectura tiene su corazón dispuesto a complementar el medio, a plegarse si es necesario, esta propuesta se dispone a respetar?.

Ésta es, en concreto, una arquitectura que pretende asumir el riesgo de la convivencia y lo hace propio. Generan un proyecto que en definitiva se convierte en paisaje. Mediante el análisis realizado, los arquitectos se vieron desbordados por el impacto visual que ofrecía realizar un solo depósito, por lo que optaron por una solución que plantea dos depósitos que se fragmentan en sus recubrimientos, de tal manera que ofrecen una imagen leve y aérea.

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