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La antigua central lechera de Clesa, considerada como uno de los máximos exponentes de la arquitectura industrial madrileña, ha conseguido salvarse de su más que segura demolición cuando la Comisión Local de Patrimonio Histórico de Madrid, decretó su protección a través de su catalogación en el Plan General de Ordenación urbana de Madrid.

Tras un periodo de incertidumbre, cuando una gran constructora, Metrovacesa, compró los terrenos, las maniobras emprendidas por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) y la Fundación Alejandro de la Sota, convencieron al nuevo propietario de la importancia de su mantenimiento, así como al Ayuntamiento de Madrid de la necesidad de su protección. Desde el COAM se planteaba la conveniencia de preservar este referente de la arquitectura industrial madrileña del siglo XX, asignándole nuevos usos. Este proceso ha contado con la colaboración de la compañía Metrovacesa, junto con elárea de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad, y la Fundación Alejandro de la Sota, y ha desembocado en una Modificación del Plan General de Ordenación Urbana, cuyo objeto principal es la protección estructural de los elementos arquitectónicos que definen la imagen del edificio original, así como en la convocatoria de un concurso de ideas entre arquitectos para la implantación de nuevos usos, de forma que su futura rehabilitación permita recuperar este patrimonio de la Arquitectura moderna.

De esta manera, el consistorio, lo ha incluido dentro del Catálogo de Edificios Protegidos, aprobando, inicialmente, la modificación del Plan General que protege el edificio de la Fábrica de Clesa con el nivel 2 de protección grado estructural, el cual preserva tanto su volumetría como los elementos arquitectónicos más destacados.

El edificio, proyectado en 1959 por Alejandro de la Sota junto con el ingeniero Manuel Ramos, y terminado en 1961, se encuentra ubicado en la AV. Cardenal Herrera Oria nº67. En su época, este proyecto supuso un ejemplo de modernidad, de racionalidad aplicada a la arquitectura industrial y de diseño funcional que pretendía, consiguiéndolo, situarse en la carrera de las industrias españolas.

La estructura evita el escaso acero existente en ese momento, lo que llevó al arquitecto a recurrir al innovador, por aquel entonces, sistema estructural de hormigón pretensado para cubrir los espacios sin pilares, tan necesarios en una edificación fabril, por el uso que en ella se va a realizar.

El arquitecto plantea una fábrica organizada en 3 grandes naves paraleras, rodeadas por cuatro plantas de oficinas en L al Norte y Oeste. Además, consta de dos módulos separados y unidos por sendos puentes que acogen tanto los vestuarios como la cocina en la fachada principal, y el otro, al fondo, laboratorios y recepción de leche. También existen otras dos edificaciones separadas que no corresponden al proyecto inicial. La fachada Oeste y parte de la Norte se configuran por las oficinas de administración, colindantes a la nave principal, que será por donde se realiza el acceso principal.

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