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Aportar calidad de vida, realizar espacios públicos para el uso de los ciudadanos… ¿Qué es lo primero que analiza Enric Massip-Bosch cuando se enfrenta a un nuevo proyecto? ¿Qué valores defiende cuando se proyectan espacios para las relaciones humanas?

En EMBA siempre hemos entendido el proyecto de arquitectura como un modo de conocimiento. El proyecto no sirve sólo para explorar la realidad y dar las mejores respuestas para su posible transformación, sino que, sobre todo, ha de servir para encontrar cuáles son las preguntas pertinentes que se deben responder. Y éstas, normalmente y naturalmente, no forman parte del programa, sino que son, en esencia, el objeto del proceso de proyecto.
En este sentido, tanto en el estudio como en mis clases estoy intentando encontrar y definir las claves para pasar de un diseño objetual a un diseño relacional. Y por objeto no debemos entender solamente las construcciones, sino también los espacios abiertos. La ciudad que me interesa, al fin y al cabo, es mucho más que los elementos que la componen, porque son las relaciones entre estos elementos donde podemos encontrar la vida urbana, entendida como una dimensión diferente e intermedia entre la vida doméstica y la vida pública. Estas tres escalas deben poder coexistir, y esto sólo es posible creando relaciones entre ellas. Mediaciones: pienso que éste es el papel de la arquitectura en la ciudad, y lo que nos puede dar legitimidad a los arquitectos en estos tiempos de descreimiento y bricolaje.

Estos son los valores que defendemos, y lo hacemos entendiendo el proyecto desde su trans-escalaridad, es decir, desde su capacidad o necesidad de ser a la vez máquina urbana o territorial y detalle constructivo.

¿Qué compromisos debe tener un arquitecto con la sociedad? Y, ¿la sociedad con la Arquitectura?

Más allá de los objetivos generales de calidad o de utilidad, no creo que un arquitecto deba tener ningún compromiso especial con la sociedad. Como persona y como ciudadano quizás sí, aunque tenga mis dudas de qué signifique hoy día eso de ‘la sociedad’, pero no como profesional. Quizás esto pueda parecer contradictorio, después de la anterior respuesta, pero no lo es. Si a mí me interesa la arquitectura como mediación basada en un diseño relacional, como he explicado, no es por una vocación social, sino porque creo que de este modo la arquitectura será más rica y, quizás, haga más relevante nuestra aportación como profesionales. La arquitectura puede tener en cuenta el bienestar o la emoción de la persona. Pero, ¿de la sociedad?

En cambio creo que ésta, sobre todo sus responsables políticos, deben tomarse en serio el valor de i+D y de generación de riqueza que una buena arquitectura conlleva. Es increíble que, en un país que vive en buena parte del turismo, todavía no haya una visión institucional que contemple la arquitectura contemporánea de calidad y de riesgo como un valor de futuro: eso fue Gaudí, por ejemplo. Y no sólo como escenario para turistas, sino incluso como modelo de calidad de vida actual a exportar. Eso es lo que ha hecho, más o menos, Barcelona. Y sobre ese eje se puede construir una economía diversificada, basada en la investigación, que incluya la educación, las empresas auxiliares de la construcción, etc.

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