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Aportar calidad de vida, realizar espacios públicos para el uso de los ciudadanos… ¿Qué es lo primero que analiza Enrique Bardají cuando se enfrentan a un nuevo proyecto? ¿Qué valores defiende cuando se proyectan espacios para las relaciones humanas?

Abordar un nuevo proyecto exige simultanear, en relación activa y equilibrada, un cúmulo de información que, al menos, aborde los siguientes aspectos: El programa que debe cumplir el nuevo edificio; El entorno urbano o territorial en el que se ubica y las “sugerencias” y “continuidades históricas” de dicho entorno; Las normas que regulan la construcción o rehabilitación del edificio: Las condiciones climáticas y ambientales del sitio; Las técnicas constructivas y el desarrollo de la industria de la construcción y los conceptos generales de diseño que pueden inducir una mejora de la calidad de utilización de los espacios arquitectónicos, más allá del cumplimiento del programa.

La calidad de vida que, para los usuarios, puede alcanzar un proyecto arquitectónico es un concepto complejo que abarca tanto los aspectos físicos más obvios (y sin embargo imprescindibles, tales como seguridad, aislamiento a la intemperie, correcto funcionamiento de los servicios, etc.) como los más inmateriales, tales como comodidad, sentido de la proporción, satisfacción ante la innovación, identificación de referencias estilísticas, etc. Desde E.Bardají y Asociados S.L., procuramos inscribirnos, cuando nos enfrentamos a un nuevo proyecto, en un proceso en el que no somos los protagonistas sino más bien los ejecutores especializados y eficaces en la resolución de un “puzzle” en el que participan muchos actores.

Los materiales y la obra, o la obra y los materiales. ¿Con qué orden y por qué? Existe, en nuestra opinión, una tensión en dos direcciones entre los materiales y la obra. La obra no condiciona los materiales, pero tampoco los materiales condicionan la obra, ambos se influyen e interactúan.

Un principio que perseguimos en nuestra arquitectura es el de la perdurabilidad y buen envejecimiento del edificio. Esto tiene que ver con su uso, y la adecuación de los materiales a dicho uso tanto como con la concepción del edificio para que cada material sea utilizado de acuerdo con los mejores resultados de su composición.

¿Hasta qué punto los materiales que exige el entorno condicionan sus proyectos?

Atenerse al uso de los materiales básicos existentes en un sitio es un principio de seguridad y prudencia constructiva. Abordar el diseño arquitectónico desde la adscripción a comportamientos constructivos depurados en el tiempo por prácticas una y otra vez ensayadas con buenos resultados, no es una actitud conservadora (lo que en cualquier caso en arquitectura no es desdeñable), sino un reconocimiento del valor de las tradiciones que, con su utilización crítica y las mejoras tecnológicas, pueden irse transformando en nuevas prácticas superadoras de problemas, pero inscritas en la “marea de la historia”.

Hay que utilizar materiales del entorno y hay que aprovecharlos en nuevas maneras que permitan una ampliación de su utilidad. En tiempos como los actuales de fácil disponibilidad de cualquier material, la utilización de materiales del entorno es, además, una apuesta por la industria local y por la reducción de los transportes, esto es una apuesta por la responsabilidad ambiental.

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