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La forma simboliza así, la dialéctica entre los dos clubes, que comparten el campo de juego sin perder cada uno su identidad. Esta superposición da como resultado un cambio gradual de la altura de los bordes interno y externo del sector de gradas, con una curva de singular belleza, que llega a su punto más bajo en el eje transversal del campo, acentuando la lectura de autonomía de cada sector circular. Esta curva variable y la forma del estadio son fácil y económicamente construibles a partir de otra de la decisiones importantes del proyecto: no construir el estadio a partir de gradas prefabricadas que se apoyan en una estructura de soporte, sino la de construirlo como una operación de modificación de la topografía, de movimientos de tierra. En lugar de la utilización de técnicas de construcción de edificios, se propone el empleo de una tecnología de construcción de una obra civil, de una obra de ingeniería. Esta decisión de relacionar la forma del Estadio a una forma de construirlo, no sólo responde a consideraciones de economía de construcción, sino también a las pautas de ordenamiento del conjunto del parque donde se inserta. El proyecto prevé una cubierta total y un sistema césped transportable, apostando por un equipamiento polifuncional, que permite la realización de ventos y competiciones en cualquier situación climatológica.

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