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La revolución que supuso la combinación de hormigón armado y acero entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas de la pasada centuria fue el primer paso para la liberación de la fachada de sus funciones estructurales. La envolvente del edificio dejó de ser un elemento más de sustento, lo que permitió su aligeramiento. Esto se tradujo es unas fachadas más livianas y que admitían la apertura de mayores vanos, a la par que se daba alas al desarrollo de una arquitectura en altura y la proliferación de los rascacielos, en los que el muro cortina, una fachada ligera de vidrio, poco a poco se fue consolidando como estándar constructivo.

Esta nueva manera de concebir el cerramiento del edificio abría un amplio abanico de posibilidades estéticas, a la par que permitía una ejecución más ágil, prestaciones que encajaban a la perfección en el aceleramiento de una época en ebullición. «Una vez liberados a principios del siglo XX del uso portante de los cerramientos, la utilización generalizada de la fachada ligera en los edificios con grandes envolventes ha permitido la liberación de la luz y el diseño en la arquitectura, a la par que se consigue una mayor sofisticación y calidad en los procesos constructivos», afirma Luis Iglesias Menéndez-Rivas, arquitecto y responsable de Formación de Schüco Iberia.

¿Pero qué es una fachada ligera? «Según la norma de producto, UNE EN 13830, la fachada ligera se define como el cerramiento del edificio vertical y exterior, producido por elementos principalmente de metal, madera o plástico», especifica Pablo Martín, Director de la Asociación Española de Fabricantes de Fachadas Ligeras y Ventanas (ASEFAVE). Ahondando en ello, Juan Manuel Calderón, Manager Technical Support de Technal y Wicona, marcas pertenecientes a Hydro Building Systems, explica que según dicha norma, se define la fachada ligera como «retícula de elementos constructivos verticales y horizontales, conectados conjuntamente, y anclados en la estructura del edificio, lista para ser rellenada finalmente con paneles ligeros de cerramiento, hasta formar así una superficie continua y ligera que delimita completamente el espacio interior respecto del exterior del edificio.

Esta fachada aporta, por si misma o conjuntamente con algún elemento de la estructura del edificio, todas las funciones normales que corresponden a un muro exterior, pero no asume ninguna de las características de soporte de cargas de la estructura principal del edificio». Así pues, Gustavo Gamonoso, responsable del departamento Técnico Comercial de VMZINC, marca perteneciente a Umicore Building Products Ibérica, indica que «consiste en la piel ligera del edificio que, sin aportar una estabilidad a la estructura del mismo, y bien por sí misma como cerramiento o en unión con una capa interior y/o algunos elementos de la estructura del edificio, nos ofrece todas las características exigibles a una envolvente exterior, siendo resistente a las acciones sobre ella y trasladando las cargas a la estructura del edificio».

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