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Según la RAE, impermeabilizar, es el efecto o acción de impedir el acceso. Si lo trasladamos alámbito de la edificación y lo aplicamos a la cubierta, se trataría de impedir el acceso de elementos externos al edificio, fundamentalmente el agua, para evitar el deterioro tanto de la propia cubierta, como de la estructura del edificio. Y según el CTE, la cubierta es el “conjunto de elementos que constituyen el cerramiento superior de un edificio y que están comprendidos entre la superficie inferior del último techo y el acabado en contacto con el ambiente exterior”. Y concreta el texto, “se denominan cubiertas aquéllos cerramientos superiores en contacto con el aire cuya inclinación sea inferior a 60º respecto a la horizontal”. Esta cubierta, puede ser plana o vertical, transitable o no…. Pero, en todo caso, como exigencia básica, la norma especifica y obliga a evitar la presencia inadecuada de agua o humedad en el interior del edificio por efecto de precipitaciones atmosféricas o condensaciones. Como consecuencia, continúa el CTE, la envolvente no debe ser totalmente estanca, puesto que ésta ha de “respirar”. Si bien, es preceptivo que esté impermeabilizada. En este punto, Promateriales ha consultado a varios profesionales del sector acerca del papel que juega la impermeabilización en la cubierta del edificio. Ana Novo, Coordinadora del Departamento Técnico de Teais responde que la impermeabilización “es uno de los elementos más importantes dentro de la obra. Una buena y correcta impermeabilización garantiza una duración mayor de la construcción, evita daños, a veces de compleja resolución, y permite una adecuada habitabilidad”. La impermeabilización en la construcción, añade, “es indispensable para la duración de los demás elementos del edificio, tanto los de la propia construcción, como los decorativos y de uso”.

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