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Saint-Gobain Weber, compañía comprometida con la conservación del patrimonio cultural, ha firmado un convenio de colaboración con la Fundació Abadia de Montserrat para la conservación y rehabilitación de las instalaciones y del patrimonio arquitectónico de la Abadía. En virtud de este acuerdo, se iniciarán acciones conjuntas que permitan identificar las situaciones que requieran de una actuación en las infraestructuras del reciento de Montserrat y se suministrarán los materiales de construcción del catálogo de productos de Saint-Gobain Weber que sean necesarios para acometer las acciones detectadas.

La Fundació Abadia de Montserrat dará a conocer a los técnicos de Saint-Gobain Weber los diferentes proyectos de infraestructuras para que oriente y proponga cuales son las soluciones que mejor se ajustan con la finalidad de acometer de la forma más eficiente las necesidades de intervención.

Carles Riba, Director General de la Fundació Abadía de Montserrat y Gonzalo Pérez, Director General de Saint-Gobain Weber, se mostraron muy satisfechos tras la firma del acuerdo que contó con la presencia del Padre Josep M. Soler, Abad de Montserrat, y de una representación del equipo de Saint-Gobain Weber. Este convenio formaliza una colaboración iniciada anteriormente en la que el equipo técnico de Saint-Gobain Weber ha aportado su experiencia para la reparación de la cubierta de la biblioteca y del muro barandilla de la zona de paso de la escolanía.

La singularidad del relieve de la montaña de Montserrat hace que la construcción del Santuario sea irregular. Su conjunto arquitectónico está integrado por dos grandes bloques de edificios: la basílica, junto con las dependencias monásticas, y las construcciones para turistas y peregrinos. La basílica se inscribe, arquitectónicamente, entre la tradición gótica y la renacentista, que se empezaba a aplicar en Cataluña en el s.XVI.

Los técnicos y soluciones de Saint-Gobain Weber afrontan un singular reto profesional que atenderá actuaciones encaminadas a la rehabilitación de las zonas privadas de los monjes, al lógico desgaste de las zonas públicas (tras la visita de más de un millón de personas al año) y la conservación de las joyas arquitectónicas que acoge la Abadía de Montserrat.