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El restaurante Akelarre es uno de los grandes referentes de la gastronomía. Con tres estrellas Michelín y dirigido por el chef Pedro Subijana, tiene una historia de más de 40 años en la que la convivencia entre el respeto por el entorno y la tradición del contexto, con una acentuada obsesión por la innovación han definido la esencia y el concepto de la experiencia que supone Akelarre.

Históricamente el restaurante ha tenido dos espacios gastronómicos, una sala superior donde actualmente se encuentra el comedor gastronómico y otra en el nivel inferior que fue utilizada como espacio para eventos y celebraciones y que poco a poco se vio relegada a un segundo plano.

En el año 2017, tuvieron la oportunidad de diseñar y construir entorno al restaurante Akelarre, el hotel que lleva su mismo nombre. En todo momento entendiendo que la esencia y el centro del conjunto, era el restaurante. El hotel, debía respetar y trasladar el carácter de Akelarre. Así, crearon un lugar en el que la calidez de los espacios y la integración en el entorno tanto natural como gastronómico, fueron las señas de identidad.

Uno de los puntos físicos de conexión entre Hotel y Restaurante se generó en la sala inferior del restaurante, denominada Oteiza en recuerdo a Jorge, amigo de Pedro Subijana, que un día le obsequió con una pequeña escultura que situó en este espacio dándole nombre y que, tras la obra del hotel, pasaba a ser el bar-restaurante de este.

Un año después de la finalización del hotel, Pedro S. les encargó la renovación de este espacio con el fin de integrarlo estéticamente en el ambiente del hotel del que pasaba a ser, comedor principal.

La sala está compuesta por dos ambientes, uno ligado a la barra de bar, zona snack-bar, y otro a una cota 30 cm inferior en el que se ubicaría el comedor, un espacio más formal en el que se podrán degustar platos que ya no están en la carta del gastronómico.

Abordaron el proyecto con la idea de integrar las dos zonas, pero diferenciándolas, creando un espacio cálido y luminoso, en el que tuvieran una importancia significativa tanto el material como el detalle en la ejecución.

Para ello propusieron un sistema de ejecución rápido y limpio, empleando panelados y mobiliario producidos en taller, todo ello, totalmente modulado y probado previamente. Como elemento principal, diseñaron un revestimiento continúo formado por dos partes que recorrería el espacio entero.

Una parte inferior realizada en madera de roble natural a modo de ‘boiserie’, constituida por un despiece modulado en paneles de las mismas dimensiones. Este zócalo inferior integra en su recorrido diferentes elementos con carácter funcional como el sofá corrido que ocupa el desnivel entre las dos zonas del espacio y la iluminación que nace de la cara superior de este elemento, en forma de bolas esféricas que penden de arcos metálicos y que da servicio a los dos ambientes del espacio.

Como segundo elemento del panelado y sobre la parte superior de roble, se desarrolla un panelado lacado compuesto por ‘picos’ tridimensionales. la composición triangulada de este panel, complejiza el ambiente haciendo que cada plano de los ‘picos’ esté iluminado de manera diferente.

En la zona del comedor, además del revestimiento vertical, instalaron un techo de lamas de roble separadas 5cm entre sí que continúan la pendiente de la cubierta original y que complejiza más el espacio.

El espacio superior del snack-bar, está conectado directamente con las terrazas y lo concibieron como un espacio más dinámico, aunque emplearon el mismo criterio y elementos para resolverlo.

Para enfatizar el ambiente desenfadado del bar, diseñaron siete mesas bajas circulares. Todas ellas con un diseño similar, aunque con diferentes detalles. La base de la peana, cilíndrica o cónica y al igual que el sobre, realizados en mármol marrón emperador. La estructura cilíndrica que la sostiene, es de acero lacado.

En este espacio superior, también diseñaron dos lámparas de pie, semejantes a las que nacen del panelado de madera, empleando tubos metálicos arqueados de los que penden las bolas de vidrio de las que emana la luz.

La iluminación del espacio se completa con múltiples lámparas de sobremesa que produjeron bajo el mismo concepto como pequeños farolillos que se distribuyen a lo largo del zócalo de madera de roble del comedor.

Junto a la iluminación, las mesas y el sofá corrido, diseñaron cuatro gueridones de apoyo al servicio. Todos ellos con formas circulares, poseen las superficies horizontales de mármol marrón emperador y los frentes de tablillas de roble y dotan al restaurante de una gran capacidad de almacenaje para realizar el servicio de la manera más eficiente posible.

De esta manera, los dos ambientes están completamente integrados en un concepto espacial fluido y en una atmósfera acogedora que relaciona al Espazio Oteiza con el hotel del que forma parte, pero diferenciándose por su imagen dinámica y luminosa.