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De la misma manera que Copenhague cuenta con su museo Carslberg, Dublín el de Guiness o Amsterdam el de Heineken, Mahou San Miguel también quiere poner su granito de arena para ubicar a Madrid en el mapa de las capitales europeas con atractivos turísticos relacionados con la cerveza. Por esta razón, la compañía adquirió hace ya un año un antiguo palacio en el centro de la capital, el cual data del siglo XVIII, el Palacio del Duque del Infantado, donde situar estas instalaciones.

Mahou San Miguel quiere que este emblemático edificio, que se construyó entre 1750 y 1780, y que se encuentra ubicado en el madrileño barrio de La Latina, albergue para 2017 un espacio donde convivan tradición e innovación, donde se permitirá disfrutar a sus visitantes de una experiencia cervecera en múltiplesámbitos. Además, con este espacio, la compañía pretende contribuir a la oferta de ocio de la ciudad, reforzando su atractivo turístico dentro y fuera de nuestras fronteras.

Con todo esto, la compañía cervecera Mahou San Miguel, la cual nació en Madrid hace 125 años, junto con el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) convocaron un concurso con el objetivo de elegir el mejor proyecto arquitectónico para transformar este edificio en un espacio innovador y multidisciplinar en torno a la cerveza.

El futuro espacio Mahou contará con los más avanzados medios tecnológicos, lo que conseguirá que se sitúe a la vanguardia europea en este tipo de centros. Además, con su desarrollo se permitirá contemplar de cerca el proceso natural de elaboración de la cerveza, degustando los productos de Mahou San Miguel. Del mismo modo, también se incluirá una zona destinada a la realización de actividades culturales y de ocio, además de otra donde compartir con los ciudadanos el patrimonio histórico de la cervecera, desde documentos, utensilios, botellas o automóviles de reparto, hasta una valiosa colección de fotografía costumbrista del Madrid del siglo XIX.

‘A TRAVÉS DEL ESPEJO

El concurso, que ha sido gestionado por la Oficina de Concursos del COAM, y que ha dotado a los arquitectos de libertad para plantear soluciones arquitectónicas y programáticas originales, y que ha constado de dos fases, a lo largo de las cuales los participantes han tenido que mantener el anonimato. En la primera fase se seleccionaron cinco propuestas teniendo en cuenta la calidad arquitectónica, la adecuación al entorno y al programa funcional, la viabilidad y la sostenibilidad económica y medioambiental. Mientras, en la segunda, los equipos que se seleccionaron debieron desarrollar la idea planteada a nivel de anteproyecto.

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