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En Barcelona, en un edificio de Josep Lluís Sert, Abel Pérez Gabucio ha presentado un proyecto homenaje a este premiado arquitecto en el que el continente ha sido la guía para el contenido.

Un piso organizado para las necesidades de otra época que se ha reestudiado por completo para que los propietarios, una pareja de abogados extranjeros y su hijo tengan un espacio respondiendo al equilibrio que buscaban entre zonas privadas y comunes. Como ejemplo, la cocina que se ha diseñado de forma que haya una zona destinada para desayunos e invitados, muy social y perfectamente integrada con el comedor, y una más técnica con posibilidad de cerrarse para el día a día.

Abel ha puesto una especial atención a las rutinas familiares sin dejar de lado la inviolable estructura arquitectónica del edificio. “Se ha conservado la estructura potenciando su presencia, el edificio fue diseñado por Josep Lluís Sert y tiene unas vueltas de hormigón en el techo fabulosas que debíamos mantener para jugar con ellas igual que con la escalera entre ambas plantas”, ha declarado el interiorista.

Los originales microespacios se han transformado en espacios abiertos que comunican las fachadas norte y sur y dan una perspectiva más amplia del espacio y los jardines que rodean la zona.  Para ordenar las estancias y trabajar la privacidad se han diseñado unos biombos correderos de nogal y tela de saco que las separan si se desea, pero sin condenar la luz natural.

“La casa, aunque bien orientada inicialmente resultaba oscura, nuestro proyecto ha comunicado la luz natural que es prácticamente la única necesaria para el día. En cuanto al diseño de iluminación hemos tratado cada espacio como uno diferente escogiendo cada pieza para cada rincón, incluso hemos diseñado una lámpara de 3 metros suspendida del techo de la planta superior como reinterpretación de los móviles de Alexander Calder, un gran amigo de Sert”.

En el proyecto, Abel Pérez Gabucio junto a su equipo de Àbag Studio han elegido todas las piezas minuciosamente, también se han creado algunas a medida como la mesa del comedor, con base de hormigón en crudo y sobre de mármol ónix coronada con una lámpara italiana de los años 50 en latón envejecido, que se ha convertido en uno de los rincones favoritos del diseñador.

Con un resultado muy orgánico, desde el inicio se ha apostado por crear una atmosfera cálida con los tejidos y los acabados y aportar notas de color al proyecto con arte y piezas concretas y contraste con la propia estructura de hormigón visto. “La idea era conseguir una atmosfera cálida y formal y desenfadada a través de colores y texturas, que resultara personal y maduro”.

“El proyecto ha resultado ser un pequeño homenaje a SERT, uno de mis arquitectos preferidos, todo está lleno de referencias a él y a sus diseños, sus casas o las que diseñaba para sus amigos, como Miró, de ahí los colores vivos del proyecto. El sofá camel que diseñamos recuerda a los sofás de obra de sus proyectos, el banco tapizado de la entrada es otra reinterpretación, que, aunque sutil, la hemos utilizado como lenguaje para transmitir y potenciar el carácter único del apartamento, así como la lámpara que comunica las dos plantas nace de la idea de un móvil de Calder, otro gran amigo de SERT.