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Un Palacio de Congresos siempre se ha definido como un lugar de encuentro, una zona de relación y de convocatoria de personas. Un territorio de intercambio cívico para todos los ciudadanos en torno al mundo de la cultura y el conocimiento, espectáculo y entretenimiento.

Su objetivo es construir un lugar, un lugar urbano, más que definir un único volumen ensimismado y autorreferencial. Debido a las características de su ubicación era aconsejable la propuesta de formar un colchón entre el edificio y la calle. Este aspecto, la existencia de grandes espacios de transición, ambiguos, indefinidos e imprecisos, caracteriza la distribución urbanística de Sevilla, formada por plazas donde se desdibujan los límites, disolviendo los lindes interiores y exteriores, los ambientes colectivos e íntimos, entre la arquitectura y la ciudad.

Una de las ideas principales, a la hora de diseñar el nuevo Palacio de Congresos, era que existiera una relación adecuada con el Parque Ferial de Exposiciones existente. En este sentido, se propondrá un nuevo volumen, autónomo, pero que al mismo tiempo pueda percibirse como un elemento vinculado al bloque anfitrión. Se planteará, de igual manera, espacios capaces de asumir actividades en tiempos variables, generando una arquitectura capaz de contar la historia actual, pero que, al mismo tiempo, consiga albergar el futuro.

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