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El edificio ocupa la esquina principal de la gran manzana, conformada por las calles Calatrava, San Isidro Labrador y Carrera de San Francisco de Madrid. Se trata de una zona de gran valor histórico, que cuenta con viviendas de la época de los Austrias, edificaciones neomudéjares, ejemplos del modernismo elegante de principios del siglo XX, como es el edificio que tratamos, la arquitectura racionalista de los últimos años del siglo XX y dominando todo el entorno se encuentra el espectacular volumen de la Real Basílica de San Francisco el Grande.

El edificio es un magnífico ejemplo de la primera Arquitectura Modernista Madrileña, propia de las actuaciones de reforma interior características de los primeros años del siglo XX, y es el único representante de este momento histórico en el entorno de la Gran Vía de San Francisco. El edificio está incluido dentro del Catálogo de Edificios Protegidos de Madrid con protección integral de las fachadas, el patio central, el recinto de la escalera y la estructura.

Se construyó con una estructura vertical de muros de carga de ladrillo macizo en la fachada y un patio central rectangular, formando crujías paralelas a las fachadas y a los lados del patio. Estos muros aumentan su espesor en la planta sótano, estando arriostrados con bóvedas de cañón también de ladrillo, lo que otorga a la estructura una solidez excepcional.

Mientras, por otro lado, la estructura horizontal se compone de forjados realizados “in situ” con vigueta de hormigón armado (una de las primeras actuaciones de este tipo en Madrid) y piezas cerámicas en el entrevigado. Las zonasde balcones y miradores se realizaron con viguetas de hierro fundido.

Las viviendas se encuentran distribuidas alrededor del núcleo central de comunicaciones, que consta de una escalera de madera y un ascensor de pequeñas dimensiones colocado en el ojo de la escalera. La distribución de las viviendas se realiza a través del patio central rectangular y otro pequeño patio medianero en el lado Este. Se redistribuyó su interior con una tipología flexible y optimizando el espacio, evitando zonas sin uso concreto, y mejorando las condiciones de habitabilidad de las estancias en cuanto a iluminación y ventilación natural. Los acabados se realizaron con materiales naturales como suelos de tarima de roble en estancias y cerámicos en tonos tierra y ocre en cuartos de baño. Las terrazas de la planta ático se incorporaron a las viviendas, eliminando cubiertas añadidas y elementos distorsionantes del estado original del edificio.

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