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El Hotel Alfonso XIII, caracterizado por estar compuesto con una mezcla de estilos, andaluz, castellano y morisco, ha sido remodelado y rehabilitado en varias ocasiones, manteniendo su premisa principal, la elegancia y tradición, pero incorporando nuevas comodidades y tecnologías, adecuándose a los tiempos actuales.
La zona principal del Hotel, inaugurado en 1928 por Alfonso XIII, se sitúa en los antiguos jardines de Eslava, con acceso desde la Calle de San Fernando, donde la circulación está limitada por la implantación de los tranvías y la peatonalización de la zona, en el lindero Este, se encuentra la Calle Doña María de Padilla, sin acceso a vehículos, en el lindero sur la Calle Palos de la Frontera y la Avda. de Roma, en el lindero oeste.
El hotel está formado por una planta semisótano, planta baja, entreplanta, tres plantas de pisos, camaranchón – espacio bajo cubierta por el que discurren instalaciones- y cubierta con varios castilletes.
La rehabilitación, que se proyectó, tenía como objetivo respetar los elementos arquitectónicos que configuran y caracterizan el hotel, mejorando sus condiciones de habitabilidad y adaptándolo a las normativas sobre accesibilidad, aislamientos, instalaciones y protección contra incendios, gracias a esto se garantizó el mayor confort a sus usuarios, aumentando la prestación de servicios hoteleros y el adecuado mantenimiento del inmueble.

La cadena Starwood Hotels & Resorts, puso en marcha el proceso de reforma, que se llevó a cabo por el estudio de arquitectura Demópolis.
El hotel se encuentra situado en una parcela de 13.088 metros cuadrados, con una superficie construida de 19.148,43 metros cuadrados. Existe un ligero desnivel entre el acceso, en la zona norte y la zona de los jardines y piscina, dentro de la zona sur. Su situación estratégica, provoca que el hotel se encuentre rodeado de edificios significativos, la Real Fábrica de Tabacos al este, el Palacio de San Telmo al sur, los Jardines del Cristina y Puerta Jerez al oeste y norte, etc.
La actuación que se realizó, comprendía la subsanación de las lesiones que presenta la edificación, en su mayoría leve, y que afectaban a los acabados y elementos decorativos, a excepción de los daños producidos por la presencia de agua de capilaridad ascendente en muros del semisótano, realizándose también la redistribución de alguno de los usos para mejorar de esta manera, el funcionamiento del Hotel.

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