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La transformación del edificio O’Donnell 12, surgió a través de la iniciativa de la sociedad patrimonial Dalbergia, quien abrió paso a una nueva manera de producir espacios terciarios de calidad en la ciudad de Madrid.

De esta manera, el estudio de arquitectura Fenwick Iribarren Architects llevó a cabo el proyecto no como una mera rehabilitación y creación de una nueva fachada en un edificio existente, sino como la implantación de una estrategia urbana que mejore la actuación, eficiencia y servicio a los usuarios del propio edificio.

Este edificio databa de 1974 y pertenecía a la tipología de edificio entre medianería formando una manzana cerrada, típica del ensanche de Madrid. Forma parte del Barrio de Salamanca, el cual es una de las tres zonas de ampliación urbana que se realizó en el s.XIX y principios del s.XX. No obstante, el edificio preexistente ofrecía una imagen antigua y con escaso protagonismo pese al potencial que presenta su ubicación. Consta de dos plantas sótano destinadas a parking, planta baja, junto a una entreplanta asociada como local comercial, y ocho plantas destinadas a oficinas, en las que se incluyen las dos plantasáticos. Estas plantas están disponibles en dos configuraciones, lo que incrementa su versatilidad y permite adaptarse a distintas demandas de superficie por parte del futuro inquilino.

En este sentido, a partir de la rehabilitación y puesta en valor de este patrimonio construido, nace O’Donnell 12 con el objetivo de generar espacios de calidad, dotados de los últimos equipamientos y tecnologías del mercado, y todo ello en pleno centro de Madrid.

El rasgo más distintivo del proyecto ha sido la remodelación de la imagen de su fachada principal, que se abre a la calle O’Donnell, con esto se pretende crear una imagen moderna y rotunda, pero a la vez integradora del edificio con su entorno.

De esta manera, la fachada se presenta, tras la intervención, como un telón metálico de acero inoxidable, ingrávido y sin juntas aparentes, en definitiva, una superficie perforada con ventanas paisaje hacia la calle.

La composición de este plano se realiza mediante una distribución de vanos iguales, con unas dimensiones aproximadas de 2,00×2,00 m. que se repiten, de una supuesta manera, aleatoria 37 veces en la fachada correspondiente a la calle O’Donnell. Estas ventanas paisaje se sitúan en varias posiciones en altura, en función del uso que se vaya a realizar en su interior.

En relación a esto, se destacan 3 diferentes alturas, la primera de ellas se trata de una posición a ras de suelo, posteriormente se realiza una distancia intermedia y la última de todas es a unos 70 cms de altura, que corresponde con la altura de una mesa de trabajo. Estas tres distancias funcionan indistintamente para el uso de oficinas, lo que permite generar espacios interiores diferenciados que pueden ser aprovechados por el usuario según su gusto. Mientras, en las dos últimas plantas retranqueadas respecto a fachada se crea una superficie acristalada continua de suelo a techo.

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