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En 1934, se celebró un concurso de arquitectura para la realización del nuevo Hipódromo de Madrid en el Monte del Pardo, una finca de 109 Ha cedida por el Gobierno de la República, y que fue ganado por el equipo formado por Carlos Arniches, Martín Domínguez y Eduardo Torroja.

Fue en 1935 cuando se iniciaron las obras de construcción del recinto de carreras y cuadras en la villa Sur, quedando paralizadas al inicio de la Guerra Civil, momento en el que únicamente estaban concluidas las estructuras de hormigón de las tribunas, y las arquerías de pelouse y paddock. No quedó documentación del proyecto, salvo planos de la estructura de Torroja.

Acabada la guerra, en 1940 se ejecutaron las obras indispensables para poder celebrar carreras. Esto permitió, en 1941, inaugurar el hipódromo con instalaciones mínimas, que continuarían mejorándose y ampliándose. A partir de ese momento se celebraron carreras hasta 1996, cerrando en 1997 las instalaciones.

El Recinto de Carreras del Hipódromo de la Zarzuela es una de las más excepcionales obras de la arquitectura española del primer tercio del siglo XX, y la estructura de las tribunas con las marquesinas, una de las grandes realizaciones del siglo a nivel mundial. En 2009 el Ministerio de Cultura declaró el Recinto de Carreras Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

Tras muchos años en desuso el edificio acusaba el paso del tiempo por lo que en el año 2004, se celebró el Concurso para la Restauración y Rehabilitación del Recinto de Carreras del Hipódromo de la Zarzuela, convocado por la sociedad Hipódromo de la Zarzuela S.A., que ganó el estudio Junquera Arquitectos.

Las obras comenzaron en 2008 con la restauración de las marquesinas de las tribunas, deterioradas por el paso del tiempo, y dañadas por el agua y diversas construcciones realizadas en etapas anteriores.

A la vez que se restauraban las marquesinas, se fueron ejecutando en el recinto obras de prospección constructiva. Eran obras de investigación para descubrir y analizar los valores y sistemas constructivos originales, desvirtuados y perdidos por ampliaciones y modificaciones ejecutadas en el recinto. Esto evidenció daños estructurales importantes que exigieron obras de consolidación y reparación de la estructura.

Una vez completas las obras de reparación estructural, se inició la restauración y rehabilitación del conjunto arquitectónico, con el objetivo de recuperar los valores esenciales del proyecto de 1934 de Arniches, Domínguez y Torroja: Implantación del conjunto edificado: adaptación al terrero e integración en el entorno. Organización funcional: usos y circulaciones. Y, unidad y escala del conjunto.

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