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Las cubiertas inclinadas han sido empleadas en las construcciones desde tiempos remotos, por lo que, esta tipología, se puede estimar como la más utilizada desde la antigüedad en arquitectura.

Entre las razones fundamentales, para que esto sea así, se encuentra su sencillez constructiva, su fácil mantenimiento, mejor adaptación a los materiales existentes y una gran adaptación a las condiciones climáticas de la zona donde se inserta, siendo posible su instalación tanto en viviendas unifamiliares como en edificios colectivos, dependiendo del estilo de la construcción.
Formalmente, se trata de una solución constructiva basada en una pendiente integrada por distintos planos inclinados que favorecen la eliminación del agua, uniéndose con el solape de pequeñas piezas de protección. Igualmente, la utilización de este tipo de sistemas asegura un uso eficiente del espacio, ya que pueden ser usadas para generar espacios adicionales en los que se pueda vivir.

Son considerados como elementos fundamentales de la envolvente térmica de los edificios y, en cumplimiento con las exigencias del nuevo CTE, deben estar convenientemente aisladas con el fin de minimizar la demanda energética de los distintos espacios que conforman.

En relación a su ejecución, tanto en viviendas unifamiliares como en comunidades de vecinos, se puede emplear una amplia variedad de materiales que conforman desde la capa de superficie hasta el acabado estético. Elementos de fibrocemento, chapas metálicas lisas, pizarra, paneles metálicos…, son frecuentes, pero quizás las cubiertas inclinadas de teja se consideran las más habituales. En las cubiertas inclinadas se cuentan con unas piezas de acabado final, impermeables, y que como las escamas de la piel de un pez protegen los faldones de la cubierta, dispuestos con tal inclinación para acelerar el deslizamiento del agua fuera de la superficie exterior.

¿Qué ofrece?

Las cubiertas inclinadas, a diferencia de las planas, se caracterizan por contar normalmente con una pendiente superior al 15%, lo que favorece la generación de un sistema de expulsión de agua basado en la escorrentía rápida. Así pues, se puede contar, como principal ventaja “de una cubierta inclinada frente a la cubierta plana, para la impermeabilización del edificio es que a mayor pendiente tenga la cubierta, mayor será la evacuación de agua de la misma”, expone Juan José Díaz, Jefe de Producto Impermeabilización y Aislamiento Térmico de Asfalto Chova. Íñigo Beltrán, del Departamento Técnico de Onduline, también opina que estos sistemas cuentan con una mejor y más fácil canalización y evacuación del agua hacia el exterior. “Desde la prehistoria, nuestros antepasados ya construían cubiertas inclinadas protegiendo así sus hogares de la lluvia, la nieve, etc. En Onduline, hemos sabido aprovechar las últimas tecnologías para, miles de años después, crear sistemas integrales de cubierta ligera, aislada y ventilada con un claro propósito de futuro: la sostenibilidad”.

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