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Aislamiento térmico, impermeabilización, protección antincendios, elementos de protección pasiva… Todos estos sistemas constituyen las ‘defensas’ del edificio. Además de cumplir con las exigencias constructivas que fijan las normas, la instalación de este tipo de soluciones permite elevar las prestaciones del inmueble y lo protege de los elementos externos. Esto repercute en una mayor calidad de la edificación, beneficiando en última instancia a la propiedad: ahorro energético, menores costes de mantenimiento, confort del usuario final, etc.
Pero no se trata tan sólo de actuaciones en edificios de obra nueva, sino que estos sistemas también tienen cabida en trabajos de rehabilitación. Si tenemos en cuenta la antigüedad del parque edificatorio español, rápidamente nos daremos cuenta de que hay importantes oportunidades de negocio en la actualización de edificios, sobre todo en cuanto a rehabilitación energética.

AISLAMIENTO TÉRMICO

“Es uno de elementos más importantes del edificio. Realmente es el elemento constructivo que más contribuye a la limitación de la demanda del edificio. Es decir, que hace que se necesite menos energía para sus necesidades de habitabilidad”, afirma Raquel López de la Banda, Directora de la Asociación Nacional de Poliestireno Expandido (ANAPE). En el mismo sentido, Sever Roig, Director de Marketing de Parex, comenta que “una vivienda mal aislada es una vivienda que consume mucha energía para mantener las temperaturas de confort dentro del hogar, tanto en invierno como en verano. En España, más de la mitad de las viviendas no tiene ningún tipo de aislamiento en sus muros o están muy lejos de cumplir los actuales criterios de eficiencia energética. En varios casos, con los sistemas de calefacción existentes no se consigue alcanzar la temperatura deseada, por las altas perdidas de energía que sufren sus muros. Sería como si quisiéramos llenar con agua un cubo con un agujero importante en su base: por mucha agua que añadamos, no lo conseguimos”.

Pablo Palma, responsable de Eficiencia Energética de Grupo Valero, indica que “contar con un buen aislamiento térmico, siempre adecuado a las características del edificio, es fundamental para conseguir una buena eficiencia energética. Esto es así porque cuando aislamos bien un edificio estamos disminuyendo la demanda energética del mismo y, en consecuencia, necesitaremos consumir menos energía, tanto de refrigeración como de calefacción, para conseguir las condiciones de confort térmico adecuadas en el interior del edificio”.

Precisa que “a la hora de proyectar un edificio, el aspecto más importante a resolver es el aislamiento térmico del edificio, mucho más que el uso de equipos de climatización eficientes o el empleo de energías renovables que, siendo aspectos a buen seguro a considerar y a utilizar en la medida de lo posible, deben quedar en un segundo plano frente a la mejora de la envolvente térmica del edificio. El razonamiento de este planteamiento es el siguiente: si aislamos bien el edificio, la demanda energética que vamos a tener no va a ser elevada. Por ende, tanto el consumo energético como las emisiones de C02 que generemos van a ser bajas también”.

Así, no se trata sólo la reducción del consumo energético, sino también de la consiguiente reducción de las emisiones de CO2, que repercute en la calidad del aire y la salud, y del confort que genera para el usuario del inmueble. “Es la forma más efectiva de garantizar el confort térmico y las condiciones saludables y de bienestar en la vivienda, a la vez que se obtiene un gran ahorro de energía para calefacción y aire acondicionado. Es el abrigo de la casa”, declara Carlos Castro, responsable técnico de Aislamiento Térmico de Danosa.

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