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Aunque el término ‘protección pasiva’ se asocia tradicionalmente a las soluciones contra incendios, actualmente podemos entenderlo en un sentido más amplio, englobando también aquellos sistemas destinados a la protección de fachadas y cubiertas, como el aislamiento térmico o la protección solar y climatológica. Entre todos ellos, quizá el más relevante sea el aislamiento térmico, que goza de gran importancia desde la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación (CTE).

Además, estos sistemas de protección no son importantes únicamente en la construcción de obra nueva, sino que se han hecho con un hueco importante en la rehabilitación de edificios. Esta situación ha sido especialmente patente durante los peores años de la crisis, cuando la reforma pasó a un primer plano por el parón forzoso de la edificación de obra nueva.
En cualquier caso, tanto en obra nueva como en rehabilitación, todos los elementos de protección del edificio muestran sus bondades a la hora de acondicionar los inmuebles para conseguir las mejores prestaciones y el mayor confort de sus ocupantes.

AISLAMIENTO TÉRMICO

La instalación de un buen aislamiento térmico en el edificio ofrece importantes ventajas. “Debemos tener presente que el aislamiento térmico es la medida más sostenible en los edificios. Es comúnmente aceptado que las medidas sostenibles son aquellas que nos permiten seguir creciendo sin hipotecar nuestro futuro. Es decir, aquellas que suponen avances en el desarrollo de la sociedad, de una forma eficiente, ganando en confort y sin atentar contra el medio ambiente. En la edificación, el aislamiento térmico es la única que cumple los tres requisitos: ahorro de energía, disminuye las emisiones de CO2 y aporta más confort a los usuarios”, afirma Yago Massó, Secretario Técnico de la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes (ANDIMAT).

A continuación, precisamos algunas de sus ventajas:

Confort. “Se mejora el confort y el bienestar para el usuario. El confort se expresa en una sensación respecto al ambiente. Una vivienda aislada térmicamente contribuye al bienestar del usuario, ayudando a mantener una temperatura de confort dentro de la vivienda, tanto en invierno como en verano”, anota Massó. Asimismo, desde Caparol se indica que “la principal ventaja que ofrece el aislamiento térmico es crear calidad de vida dentro de los hogares a través del confort térmico, minimizando el impacto económico para llegar a ello”. Además, Manuel Martino, Director Técnico de Sto Ibérica, incide en la repercusión en la salud que conlleva dicho aumento del confort: “El aumento del confort y la mejora de la salud comporta una serie de consecuencias de impacto personal, social y económico. En el impacto personal hay una pregunta que lo resume todo. ¿A quién le gusta estar sano? La respuesta es muy sencilla. La lista de enfermedades causadas por las temperaturas interiores no adecuadas o la formación de humedades es larga, yendo desde enfermedades respiratorias o de la piel, hasta cardiacas. El impacto social pasa por la mejora del rendimiento en ambientes confortables, ya sea en un entorno escolar o laboral. No sólo los edificios de viviendas deben de perseguir este objetivo, sino también los centros escolares y laborales. El impacto económico es difícil de medir, ya que es complicado repercutir en dinero la mejora económica producida por el aumento del rendimiento asociado a la mejora del confort, a la reducción del absentismo laboral causado por enfermedades asociadas a ‘edificios enfermos’ y a la reducción del gasto en salud pública”.

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