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Dada la época que vivimos, los consumidores se encuentran muy sensibilizados con aspectos como la reducción de los consumos y la comodidad en el hogar. Por ello, las ventanas y cerramientos, aparte de ser duraderos, deben garantizar la protección contra el clima adverso y el ruido. Por esta razón, los usuarios deben tener en cuenta que para una correcta elección de las ventanas se debe elegir, en un primer momento el material que mejor se adapte a las características de la construcción, a la zona climática en la que se va a ubicar y, por último en nuestro presupuesto.

Además, a estas características, hay que añadir una que cada vez está más valorada, la estética, ya que define el diseño del edificio que vamos a disfrutar gran parte de nuestra vida.

No obstante, a pesar de ser un elemento a tener en cuenta si queremos conseguir una vivienda más eficiente y un confort adecuado, hay que recordar que en los últimos 6 años desapareció más del 85% del volumen de mercado, por lo que ha resultado más complicado poder adaptarse a esta nueva demanda. Además, a esta situación coyuntural se ha sumado el cambio en la estructura del mercado de la ventana, pivotando de la obra nueva a la renovación, lo que ha obligado a todo el sector a reconvertirse.

Bien es cierto que se trata de un sector que ha estado tremendamente afectado por dos motivos principales: disminución importante de nueva construcción y la crisis que hace que los hogares particulares sean más reacios con la sustitución de cerramientos y a las reformas.

Pero, ¿cómo se encuentra el sector actualmente?

“El mercado de la carpintería durante el año 2015 se ha estancado e incluso ha ido ligeramente a la baja”, responde Juan Carlos Castaño, Director General de K-Line en España. A causa de la crisis mundial, la construcción de nuevas viviendas ha disminuido, pero la renovación ha crecido en importancia gracias, en parte, a las políticas estatales de ahorro energético, lo cual ha dado alas a nuestro sector. Ante esta situación, en opinión de Juan Carlos Castaño, “se han de poner al alcance de los usuarios productos con una contrastada eficiencia energética, que satisfagan plenamente sus requerimientos a nivel aislante y de diseño, a unos costes asequibles”. Sin embargo, “uno de los principales retos es la dificultad de hacer ver y entender, a determinados técnicos, que no siempre lo que se ha hecho hasta ahora es lo correcto. Venimos de una etapa constructiva en la que lo que prevalecía era sacar el máximo beneficio económico a las promociones sin pensar en el confort del futuro morador. Se ha construido rápido, mal y barato y aunque esto afortunadamente está cambiando, queda un camino largo por recorrer”, describen desde el Departamento Comercial de Kömmerling. “Tras una etapa muy complicada, es el momento de mejorar las soluciones y productos que se instalan a los clientes. Es importante invertir en la comunicación al cliente y en la formación del prescriptor y distribuidor para profesionalizar el sector”, asegura Javier Garzón, CEO de Ampuero Grupo Industrial.

Hay que tener en cuenta, además, que las ventanas son parte de la composición arquitectónica de las fachadas y ahora tenemos la oportunidad de incorporar la tecnología a las ventanas con un nuevo criterio energético. “Incorporar la tecnología dentro de los proyectos de arquitectura como un valor añadido puede ser muy interesante, a fecha de hoy, para que las fachadas puedan tener un doble interés, por un lado, adaptarse al entorno del lugar para integrarse en la arquitectura de la zona, y por otro, adaptarse al entorno climático de la zona para ser sostenibles, respetuosas con el medio ambiente y reducir el consumo de energía”, describe Albert López, Arquitecto de Somfy.